En la provincia donde está situado el punto más alto de la península ibérica, el Alevín B del Real Jaén estuvo a punto, concretamente a tres minutos, de mover, con su fe, toda Sierra Nevada. Sin embargo, el destino hizo que fuera el primer equipo quién, con esa fe, en tierras palentinas diera aire a toda una Institución casi centenaria.
Vayamos al viernes. Llegábamos con una hora de margen al recinto federativo granadino (Estadio Miguel Prieto). Lo más llamativo, sin duda, de la expedición eran los tradicionales "bolsos nevera" que nos acompañan en nuestro devenir por el Campeonato de Andalucía. La afición excelsa y sublime en su animar.
De salida comparecían Carlos en portería, con Alberto y Antoñín en defensa. Moisés en el timón, con Antonio Manuel y Alvaro abiertos en banda y Javier en punta de ataque. En el primer minuto de partido el Granada anotaba, aprovechando el centro delantero su posición ilegal, cobrada por el árbitro quién anulaba el gol. La consigna del mister y los comentarios de pasillo era lo vital de anotar primero. Pudimos conseguirlo en el dos y en el cuatro. Antonio Manuel encaraba al portero se marchaba de él, pero con el esférico demasiado escorado lo hizo que perdiera angulo de tiro y el balón saliera rozando el larguero. En el cuarto fue Javier, quizás atenazado por los nervios, el que disparaba a las manos del portero, en franca posición.
De lo que pudo haber sido a lo que fue en el cinco el equipo local igualaba la eliminatoria. Un doble desajuste motivaba el gol, a balón parado del Granada. El primero al ceder un corner innecesario. El segundo al no fijar la marca del jugador local. Pudo ser peor. En el seis Carlos, cual portero de balonmano cedía a corner el disparo del delantero granadino. En el nueve pudimos empatar, el equipo presionaba al ritmo marcado por Lasarte desde el banco, fruto de la misma Bolivar robaba en tres cuartos de cancha, habilitaba a Javier quién, no oyó a Alberto sus instrucciones y, no vió a Alvaro completamente sólo, optando por disparar por encima de la portería local. En el diez un disparo lejano del número seis granadino marchó rozando el palo, bien cubierto, no obstante por Carlos. En el doce Javier dejaba su lugar a Francis.
En el catorce el Granada cobraba ventaja en la eliminatoria. Un nuevo mal balance defensivo motivaba el segundo gol del equipo local, subiendo un dos a cero totalmente engañoso, ya en ese instante y más aún al final de la primera parte, ellos no se hicieron acreedores de esa renta y nosotros nos hicimos tributarios de algún gol. Tan es así que hasta el final de la primera mitad, el Granada no acumulaba ocasión alguna, mientras que los nuestros pudieron y debieron anotar. La defensa se había asentado y hasta el final del partido Antoñín y Alberto mantenía a ras a la fornida delantera granadina. Manuel sustituía a Alvaro en el diecisiete. Así las cosas Francis la tuvo en el dieciocho, mandando al banderín de corner una pintiparada ocasión. A renglón seguido un golpe franco de Bolivar era repelido por la base del travesaño. En el veinte el control largo de Antonio Manuel nos privaba del empate. Moisés era sustituido por Alvaro en el veintiuno.l
Hasta el final tres nuevas ocasiones para los nuestros. En el veintiséis un nueva falta de Antonio Manuel era rebotada por la base del larguero. El propio Bolivar nuevamente en posición escorada lanzaba al lateral. En el último minuto fue Francis el que tuvo el empate en sus botas.
Lo dicho una verdadera lástima. Sin embargo el destino iba a ser, todavía más cruel, en la segunda mitad. Al vestuario, arenga de Lasarte. Nada estaba perdido. Habíamos demostrado que podíamos poner en auténticos aprietos al campeón granadino.
En la segunda parte comparecían de inicio los mismos que lo hicieron en la primera mitad. Es decir Carlos, Antoñín, Alberto, Moisés, Alvaro, Antonio Manuel y Javier. Quién suscribe nada tiene anotado. La razón es bien sencilla la tensión y los nervios estuvieron a flor de piel en esta segunda mitad.
Pensábamos que, tras la primera mitad de la ida, habíamos visto todo del equipo. Sin embargo no era así. En la segunda mitad dieron un auténtico recital de sacrificio, lucha, entrega y cumplimiento táctico de las consignas que recibían de Alberto desde el banco. Su capacidad de competir es infinita y a fe que lo demostraron en el campo.
Cierto es que no gozabamos de tantas oportunidades como en la primera parte. Claro que de menos dispuso el Granada. Sin embargo nuestra presión no dejaba al equipo local salir de su campo. Nos anticipábamos una y otra vez. El banquillo, la afición - insisto excelsa en su animar - y principalmente los protagonistas en el campo creían en sus posibilidades. Los cambios se realizaron con cuentagotas, para no romper la dinámica positiva que se atisbaba en el equipo. Francis en el ocho ocupaba el lugar de Javier, quién posteriormente sustituiría a Alvaro en el catorce. Antes Alvaro pudo crear mayor peligro que el generado cuando trató de combinar con Antonio Manuel en lugar de buscar la portería rival.
Llegaba el minuto veinte de partido. Quedaban diez más el añadido. Francis botaba un corner, templado al segundo palo. Bolivar, antes del inicio de la jugada, merodeaba el primer palo, pero, por arte de magia, cuando el balón surcaba el aire - creo que sobrepasando la línea - aparecía en el segundo palo para cazar el esférico y poner la eliminatoria, por mor del valor doble de los goles, en franquicia para los nuestros. Montonera del equipo. Extasis en el banquillo y en las gradas. Francis dejaba su lugar en el veinticinco a Alvaro.
Durante seis minutos creíamos mover el Mulhacén, pero la diosa fortuna nos fue esquiva. En el veintiséis una falta "dudosa" se envenenaba y, a priori el centro, se convirtió en un balón bombeado que Carlos no pudo atajar. Jarro de agua fría para todos.
Restaban tres minutos más el añadido - finalmente otros tres - . En el veintiocho Jairo sustituía a Alberto y en el veintinueve Pepelu hacía lo propio con Antoñín. En esos minutos jugábamos con dos puntas y dos bandas bien arriba. Nos podían pillar una contra. No fue así y teníamos que tener una.
La tuvimos y de que manera. Gracias a Johattan he visionado la cinta, al menos en diez ocasiones. En el campo las gafas saltaron por los aires. En casa la sensación fue peor. Despejábamos en defensa, tras varios rebotes, la pelota le llega a Javier, quién ve a Jairo sólo. Jairo pone un gran centro, donde mandan los cánones, entre el punto de penalty el área chica, allí el balón le cae a Alvaro, a su derecha, coloca bien el pie. El balón no va ni a la derecha, ni a la izquierda, hubiera sido gol, marcha centrado, supera al portero y se escapa a un centímetro del larguero. La eliminatoria estuvo en ese centímetro. Quién lo iba a decir tras el sorteo. Fútbol es fútbol y todos los partidos deben ser jugados.
La tristeza duró veinte minutos. Tras salir del vestuario. El equipo siguió jugando y divirtiéndose como si nada hubiera pasado. Son un grupo maravilloso.
Al Miguel Prieto llegó un cátering de excelentes viandas (hasta langostinos de huelva). Durante una hora analizamos amigablemente lo ocurrido y, con la "barriga" llena, regresamos a la Capital del Santo Reino con el sabor agridulce de la eliminación, los deberes bien hechos y la sensación que el año que viene no se nos puede escapar. Se merecen estar en otra fase final.